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atural

mente

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ç sumario www.naturalmentemncn.org

Para recibir

un correo electrónico cuando salga el próximo número

o

darnos tu opinión escríbenos a

naturalmente@mncn.csic.es

primos, erizos, estrellas y otras criaturas reptan-

tes tan bellas.Tan emocionado estoy que a penas

duermo en este mi mundo equinodermo”.

El encuentro con Rufino dejó a

Gafotas de bu-

cear

en éxtasis.¡Tan grande era la familia de las es-

trellas y compañía! Y cada cual más excéntrico y

particular. Este, en concreto, sabía rimar.De hecho,

no podía parar y siguió diciendo - “¿Qué cosas

maravillosas podría yo hacer aparte de ser este

extraño ser? Tengo tentáculos al lado de mi boca

y si algún comilón me mira y me toca, me cabreo,

me enfado y cual bellaco, todos mis intestinos,

para asustarle, saco. Por cierto, señora Estrella

Roja, ahí hay otra como usted, sólo que un poco

coja.”

Miraron hacia donde señalaba Rufino el pepino

y vieron a otra estrella de mar que había perdido

una de sus patas. ¡Ahí estaba la casa de Estrellita!

Gafotas de bucear

estaba feliz: “Este día es el más

increíble de mi vida. Vine a descubrir las criatu-

ras del mar y encontré estrellas, erizos y pepinos.

Conocí sus formas de vivir, tan diferentes de las

nuestras. Querría saber más, así que volveré para

visitaros”.

Se despidió de sus amigos, y cumplió su prome-

sa porque

Gafotas de bucear

dedicó tooooda su

vida a estudiar los equinodermos, nombre con el

que se conoce a esa gran familia formada por es-

trellas, erizos y pepinos de mar. Investigó durante

años sin parar para conocer bien cómo viven es-

tos seres.Así que la ciencia y el mundo entero hoy

le da las gracias a

Gafotas de bucear

por haberse

lanzado al mar y a sus descubrimientos.

¡Splashhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Pandora Mirabilia y Camila Monasterio

Gafotas de bucear

no podía creerlo-“¿Puedes ha-

blar?”- le preguntó.

“He aprendido porque te escucho cada día desde

que nací.”- dijo.

Gafotas de bucear

seguía sin po-

der creer lo que veía- “¿Naciste? Pero, ¿cuándo?

¿cómo?”-preguntaba sin parar. Entonces, le res-

pondió- “En realidad, técnicamente, no nací. Broté

a partir de un trozo de estrella de mar, ese trocito

chico, rojo y brillante que recogiste de la orilla.”

¡Oh! ¡era una estrella de mar!

Gafotas de bucear

saltaba de emoción. “¿Te has caído del cielo?”-le

soltó. La estrellita se rió y siguió contando:

“No exactamente. Las estrellas de mar somos

animales que vivimos sobre el fondo marino.Pode-

mos reproducirnos a partir de pedacitos de nues-

tro propio cuerpo. Cuando tú me encontraste, yo

era un trocito de mi cuerpo de estrella. Gracias a

ti y a que me diste todo lo necesario para vivir, he

podido crecer.Y mira, hasta puedo moverme con

estos cientos de piececillos que tengo por todo

el cuerpo, esos que has descubierto con tu lupa”.

Gafotas de bucear

decidió que ese ya no era sitio

para la estrella de mar y decidió llevarla al lugar

donde pertenecía- “¡Estrellita, nos vamos de viaje!,

pero antes cuéntame, ¿qué es lo que comes?”. La

curiosidad de

Gafotas de bucear

era insaciable. La

estrella le contó que comía otros animalitos del

mar, ¡que le encantaban los caracoles y las ostras

y se las zampaba a su paso por la arena porque

arrastraba su boca por el suelo!

Gafotas de bucear

se maravilló con tantos descu-

brimientos y se lanzó a la playa a devolver a Estre-

llita a su casa. Spashhhhhhhhhh. Pasada la barrera

de rocas se extendía el mar infinito. Para no per-

derse, Estrellita y

Gafotas de bucear

bordearon la

línea de costa, cerca de las rocas. El agua era como

un cielo donde en vez de aves, volaban los peces

y las medusas. Entonces,

Gafotas de bucear

vio algo

que llamó su atención: parecía una pelota de agujas

posada en el suelo del mar. Se acercó y preguntó-

“¿Eres una bola de pelos?” - “¡Un respeto, soy el

erizo Pinchos!”, respondió la ‘bola’.

Gafotas de bu-

cear

se seguía sorprendiendo- “¿Erizo? ¿Como los

de la tierra? ¿Sois primos?”. Pinchos, respondió -

“Yo no sé de esos erizos de lugares lejanos y secos,

pero sí sé que soy Pinchos, un erizo, cubierto de

espinas. Estrellita, esa sí que es mi prima. Nos pa-

recemos más de lo que crees.También los erizos

arrastramos la boca por el suelo, aunque nosotros

sobre todo comemos algas que hacemos pedaci-

tos con unos dientecillos que tenemos”

Gafotas de bucear

y Estrellita se partían de risa.

mirando al erizo moverse a paso de tortuga. Pin-

chos se puso digno - “¡Pues si tanta gracia os hace

Pinchos, iros a buscar un pepino! ¡Hasta luego!”.

Gafotas de bucear

se preguntó, ¿un pepino? Este

Pinchos qué cosas tiene. Así que siguieron su ca-

mino en busca de la casa de Estrellita cuando, de

repente, ¡no lo podía creer! ¡Ahí tendido en la are-

na, dejándose mecer por el agua vio lo que parecía

un pepino! ¡Pinchos no bromeaba!Al ver a

Gafotas

de bucear

con tanta sorpresa, aquel extraño ser se

presentó- “Rufino el pepino de mar, para servirlas.

Más vago que una manta, comer erizos me espan-

ta. No quiero espinas, prefiero algas, de colores

verdes y malvas. Aunque otros pepinos nadan, a

mí mis muchos piececillos me bastan. Como a mis

“La ciencia y el mundo entero

hoy le da las gracias a

Gafotas

de bucear

por haberse lanzado

al mar y a sus descubrimientos”