NaturalMente10
13 n atural mente 10 ç sumario Para recibir un correo electrónico cuando salga el próximo número o darnos tu opinión escríbenos a naturalmente@mncn.csic.es www.naturalmentemncn.org coronar nuestro objetivo, hace frío y nos atacan un viento infernal y la llovizna de las nubes ama- zónicas que se retuercen nerviosas al otro lado. El panorama desde aquí se adivina magnífico, pero hoy la niebla apenas deja ver nada.A partir de este punto, casi todo es bajada, mientras la mole cris- talizada del Mururata nos vigila a ratos. Sortea- mos lagos de montaña y turberas infinitas donde pastan rebaños de llamas. Hacia el final del día el hábitat se vuelve más húmedo y adecuado para nuestras ranitas: emoción. Llegamos cansados, ya de noche, a la minúscula localidad de Takesi, que da nombre a la ruta, y entonces… ¡bingo! Machos de Psychrophrynella sp. empiezan a cantar entre los muros centenarios de la aldea. Durante esa noche y la mañana siguiente reunimos un buen montón de ejemplares de lo que sin duda es una nueva especie. Como si se encontraran únicamente en aquel pueblito perdido, no hallamos ni uno más a lo largo de la ruta, pese a remover toneladas de piedras. ¡Hemos tenido una gran suerte al per- noctar justo ahí! Lo que en algunos tramos era una ancha, sólida y majestuosa calzada empedrada, se va convirtien- do, a medida que descendemos, en una estrecha y casi intransitable senda por la jungla lluvio- sa. Entre agapantos y crisantemos, atravesamos haciendas desiertas y llegamos por fin al fondo del valle. Asustan la fuerza y el estruendo del río Takesi, que hay que cruzar a veces sobre endebles puentes. Justo al final del camino, y tras tres días de caminata, aparece a orillas de camino un coatí , Nasua nasua , que nos permite admirarlo a gusto unos cuantos minutos, como quien ofrece un pre- mio a los valientes que alcanzan la meta final. En la localidad minera de Mina Chojlla, tomamos un minúsculo bus que, cerrando el círculo y antes de enfilar hacia La Paz, cruza primero por Yanacachi (pero hoy estamos de paso y no requerimos nin- gún “alojamiento con piscina”). En nuestro exiguo equipaje viaja un tesoro: bol- sas de plástico con ranitas de panzas coloridas. Carecen de nombre.Tenemos tiempo para pensar cuál le pondremos durante las tres horas de viaje que, por serpenteante carretera, nos devuelve sa- nos y salvos a la ciudad.Contemplamos por última vez estos soberbios bosques de niebla, sin poder creer del todo que en menos de un par de días es- taremos sentados en nuestros despachos, como si nada hubiera pasado. Pero así ha de ser, porque llevamos muchísimo trabajo de vuelta. Estamos satisfechos de contribuir al crecimien- to de las colecciones científicas de nuestro Museo y de las instituciones bolivianas con las que cola- boramos, y es que esta parte dura pero gratifican- te del trabajo de campo es sólo el primer escalón para, poco a poco, ir completando el inventario de la fauna desconocida de anfibios del país. Hasta el año que viene, Bolivia n Macho de posible especie nueva de Psychrophrynella cuidando de una puesta en avanzado estado de desarrollo. “Contemplamos por última vez estos soberbios bosques de niebla sosteniendo nuestro exiguo equipaje, que esconde un auténtico un tesoro por describir”
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