NaturalMente10
66 n atural mente 10 ç sumario Para recibir un correo electrónico cuando salga el próximo número o darnos tu opinión escríbenos a naturalmente@mncn.csic.es www.naturalmentemncn.org ¿Qué hace donAlonso Quijano, el Quijote, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales? Quizás no sean pocos los que se hayan hecho esta pregunta al ver una exposición dedicada a nuestra más grande obra literaria de todos los tiempos, en el Museo. Pues bien, la respuesta está en una letra, la “C”. Porque que este año se celebra el Cuarto Cen- tenario de la muerte de Cervantes es de sobra sabido por todos; lo que quizás pase algo más desapercibido es que de las aventuras de nuestro Caballero andante se desprende otra importante “C”: la Ciencia. A primera vista es difícil relacionar la ciencia con el Quijote .Y no, no es que nuestro hidalgo fa- vorito sea un gran científico; en realidad ni gran- de ni pequeño, porque no es esa la cuestión. El hecho es que si volvemos a leer con otra mirada esta obra, abiertos a la captura de nuevas per- cepciones, nos daremos cuenta de que contiene numerosas citas que, en su conjunto, nos permi- ten construir una imagen, no sólo de Cervantes, de su cultura y su modo de pensar, sino también del panorama científico-tecnológico de la épo- ca en que estaba viviendo mientras escribía su novela. Ese tiempo de Cervantes fue el del Renacimien- to, el de la ebullición de ideas y conceptos, el de la fascinación ante nuevos continentes, el de la tran- sición hacia la Ciencia Moderna. Y gracias a ese gran invento que fue la imprenta Cervantes leería libros, libros de revolucionarios naturalistas, geó- grafos, médicos, astrónomos y un largo etc. ajenos a la gran influencia que sus conocimientos ten- drían sobre nuestro autor y, por ende, sobre las aventuras de nuestro caballero andante. Así, a través de un bello diálogo entre el saber científico y el popular, nos damos cuenta de cómo en el Quijote hay piojos que “desaparecen” cuando uno cruza la línea del Ecuador, aves-murciélago en Montesinos, azores, halcones, águilas reales o cer- nícalos lagartijeros empleados por la nobleza en la práctica de la cetrería, cigüeñas, grullas, hormigas y elefantes de los que “...hemos aprendido muchas cosas de importancia...”, leones, cebras y un largo etc. entre los que sobresale la figura de Rocinante, compañero fiel de aventuras de nuestro protago- nista. A través de los ojos de don Quijote, que no son más que los ojos de Cervantes, vemos encinas, al- cornoques, retamas…referencias botánicas típicas del paisaje mediterráneo, o no, porque ya sabemos que nuestro excéntrico protagonista, en su loca sabiduría (¿o en su sabia locura?) va fabricando escenarios literarios a la altura de su imaginación, paisajes a medida. Y, dentro de este maravilloso caos, una pre-tec- nología popular de la época en la que las fuerzas na- turales son grandes protagonistas. El viento mueve gigantes y el agua teje y muele la harina, todo ello a través de molinos, estruendosos batanes y aceñas. Y, por encima de todo, “el perpetuo descubri- dor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo…” de día, y la “luminaria de tres caras” de noche, bellísimas referencias astronómicas al sol y a la luna. Incluso Sancho puede leer la posición de la bocina, que no es sino la Osa Menor, para orien- tarse y medir el tiempo nocturno.Y todo ello gra- cias, en palabras del escudero, a “…la ciencia que aprendí siendo pastor”. Todo esto y más contiene el Quijote . Si, según nuestro ingenioso hidalgo, “...la caballería andante es una ciencia […] que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo…” Cervantes, en su no- vela, lo demuestra con creces. A través de la exposición Cervantes, Ciencia en el Quijote, que se expuso en el MNCN hasta el 30 de mayo de 2016, no sólo hemos pretendido ren- dir un pequeño homenaje a nuestro más grande escritor, sino también haberos animado a volver a leer el Quijote , esta vez sin perder de vista la cien- cia que discurre por él n
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