NaturalMente 27

12 n atural mente 27 ç sumario Suscríbete Consulta aquí todos los números de NaturalMente ete En nuestro país se convocan, anualmente, casi dos mil concursos literarios y un buen número de certámenes de dibujo y pintura. La mayoría de los primeros, destinados a adultos. Los motivos por los que se convocan son tan variados como las maneras de prepa- rar una paella. No digo una buena paella o una auténtica paella, no vayan a venir los ortodoxos a acusarme de atentado a la cultura gastronómica valenciana o a nombrarme persona non grata por un atentado de tal calibre (algunos se lo han ganado a pulso, como el chef británico James Oliver con su paella de chorizo). La mayoría de estos certámenes pretenden fomentar la literatura en general, un género literario en concreto o el arte pictórico. Y en muchas ocasiones sirven, a la vez, de herramienta publicitaria, para vender más libros de una determinada editorial o atraer visitantes a una localidad o institución. El Concurso de Relato Breve y Pintura del MNCN nació con un propósito algo diferente: el de servir de compañero de viaje a un libro que cuenta las anécdotas vividas por los educadores y guías voluntarios con los niños que visitan el museo. Con el sugerente título de ¿Se Tiran Pedos las Mariposas? , además de contar un gran número de anécdotas y de mostrar la visión que los niños tienen del museo, es un ameno libro de divulgación científica e histórica que pretende entretener y divertir al lector.Y, tal y como se indicaba en las bases del concurso, incluirá al menos un relato y uno o más di- bujos de los presentados al certamen, así como la relación completa de las obras ganadoras. Los relatos presentados tienen, todos ellos, una alta dosis de imaginación. ¿A quién se le podía ocurrir que el museo nació no ahora, sino en la Prehistoria? ¿Quién podría convertir la visita al museo en un relato de misterio con robo incluido, perpetrado por una banda de gatos? ¿O imaginarse que los animales que se han extinguido a lo largo del tiempo no lo han hecho, sino que fueron enviados a una lejana galaxia? En estos relatos hay animales que hablan o cobran vida, que se ayudan entre sí, aventuras nocturnas por los pasillos y salas del museo… escritos en algunos casos con Noelia Bravo Pérez1 er premio de Relato breve La creación el Museo de Ciencias Naturales Hace muchísimos años, en la Prehistoria, vivía un niño llamado Reio. Reio, aun- que era un niño, era muy consciente de lo que pasaba a su alrededor y, a su vez, de que él y su familia eran los primeros animales con ese aspecto sin pelo, que ca- minaban erguidos y que eran más inteligentes que los animales que les rodeaban. Al ser consciente de esta gran verdad, decidió conservar lo que pasaba en la Prehistoria. Empezó haciendo dibujos en las paredes de su cueva, pero se dio cuenta de que iba a ser muy difícil que aquellas pinturas resistieran, así que se le ocurrió una idea mejor: conservar todos los esqueletos de los animales que ca- zaban y recoger piedras con formas de espiral (aunque él no lo sabía, eran fósiles de trilobites). Cuando la cueva en la que él vivía se le quedó pequeña, alojó todos sus peque- ños tesoros en una cueva sólo para ellos. Tiempo después, dejó a sus hijos a cargo de su pequeño museo y les hizo pro- meter que lo cuidarían y que pasaría de generación en generación para que la gente del futuro lo pudiera admirar. Y así fue. El museo de la familia continuó pasando a sus descendientes y su colección de tesoros aumentó. También tuvieron que cambiar la instalación con el paso de los años. En el año 1771, uno de los descendientes de Reio, vio que su museo merecía ser admirado y decidió contarle al rey Carlos III la historia del mu- seo que tenía por herencia de su familia.Al rey Carlos III le gustó la idea de tener un museo de ciencias naturales y por eso ayudó al joven a mantener el museo y a proporcionarle más piezas para su colección. Fue así como se creó el Real Gabinete de Historia Natural. Poco tiempo después, Carlos III se dio cuenta de que no podía decir a la pobla- ción que ese museo tenía más de 27.000 años, así que le encomendó la dura tarea a su ayudante Noelia que, aunque era una niña de doce años, era muy lista. Ella de- cidió que la mejor manera de ocultarlo era comprando más piezas y decir que el museo debía gran parte de su colección a Pedro Franco Dávila, al cual compraron también muchas piezas del museo para no levantar sospechas.

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