NaturalMente15

14 n atural mente 15 ç sumario www.naturalmentemncn.org Para recibir un correo electrónico cuando salga el próximo número o darnos tu opinión escríbenos a naturalmente@mncn.csic.es No sé de dónde viene mi amor por la naturaleza. Quizás sea algo genético, puede que porte esa mutación, cada vez más extraña en nuestra especie, que hace que respetemos y admiremos nuestro entorno y a los seres con los que convivimos. Por otro lado, es posible que no se trate de algo innato, sino adquirido del entorno en el que crecí. De ser así, estoy convencida de que el Museo de Ciencias Naturales de Madrid fue uno de mis grandes maestros. Siempre me han encantado los animales.Todos. Bueno, algunos más que otros. Las cucarachas nunca han sido de mi agrado y los humanos me gustan de vez en cuando. Cuando era niña, los domingos significaban una cosa: visita al Museo de Ciencias. Recuerdo ha- ber recorrido una y otra vez las exposiciones admirando incansablemente los animales que se escondían tras las vitrinas. Los esqueletos, el elefante, el calamar gigante, los lobos, los pája- ros… Mi mente infantil no llegaba a compren- der de dónde habían salido esas criaturas ni por qué estaban allí, tan sólo me limitaba a obser- var aquella porción de la naturaleza congelada en el tiempo. También recuerdo la primera vez que viajé al pasado al entrar en el Real Gabine- te de Historia Natural, como si de repente me encontrara en algún punto lejano de la historia. O del asombro que sentía al atravesar la galería que lo rodea, cuyas paredes repletas de animales me parecían inmensas e inalcanzables. Sin embar- go, cuando pienso en el museo hay dos imágenes que acuden a mi cabeza instantáneamente. Una de ellas son los minerales. En cada visita no me daba por vencida hasta que conseguía que mis padres me compraran una de esas rocas tan brillantes que me parecían mágicas y misteriosas. A lo largo de los años, conseguí una colección digna de exponer. La otra cosa que asocio irremediablemente con el museo es un animal: una tortuga enorme de color negro que me fascinaba y a la que seguiría admi- rando a lo largo de los años. “Al acabar la carrera de Biología me plantee cambiar de rumbo, abandonar la biología… hasta que se me ocurrió la brillante idea de acudir a mi viejo maestro: El MNCN” La tortuga laud, Dermochelys coriacea: una tortuga enorme de color negro que me fascinaba y a la que seguiría admiran- do a lo largo de los años. / Jairo O.

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