NaturalMente15

15 n atural mente 15 ç sumario www.naturalmentemncn.org Para recibir un correo electrónico cuando salga el próximo número o darnos tu opinión escríbenos a naturalmente@mncn.csic.es Durante mi adolescencia, me alejé del mun- do de las ciencias naturales por un tiempo. Sin embargo, mi interés resurgió con más fuerza en los últimos años de colegio. El estudio de las Ciencias de laTierra me descubrió el efecto invernadero, el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono, la contaminación por plás- ticos y todo un sinfín de catástrofes producidas por el ser humano.Todo ello, unido a las noti- cias sobre el maltrato animal, las extinciones y la destrucción de la biodiversidad fue lo que despertó mi deseo de salvar el mundo. Pensé que el camino correcto para conseguirlo era estudiar Biología.Así, con motivación y mucho esfuerzo logré que me admitieran en la carrera. Había cumplido un sueño. Había logrado atrapar la ola y agarrarme a ella con fuerza. Lo que no sabía era lo difícil que me iba a resultar mantenerme a flote. El primer día de una nueva etapa siempre es extraño. Un edificio nuevo, gente desconoci- da… Cuando comenzaron las clases, todo me gustaba y, como era de esperar, mi asignatura favorita era Zoología.Aquel primer año descu- brí que los profesores no sólo dan clase, sino que también investigan, y lo que eso significa. Algunos transmitían tanta pasión por su traba- jo que lograban que saliera de clase decidida a seguir su camino. Se parecían mucho a los su- perhéroes que había imaginado, pero llevaban bata en lugar de capa. Desde el primer instante nos advirtieron de que en ese mundo no entra cualquiera. Y los que entran, tienen que luchar duro para que- darse. Recuerdo que, en una de las primeras clases, nos preguntaron quién quería dedicarse a la investigación. Yo levanté la mano, sin pe- sarlo un instante. El profesor en cuestión nos miró un momento y dijo: “Siento deciros que menos de la mitad logrará serlo” Fue un jarro de agua fría sobre nuestras cabezas. Sin em- bargo, no quise creerlo. En materia académica siempre había conseguido lo que me propo- nía a base de estudiar y trabajar duro. Lo que aprendería años más tarde, es que en la univer- sidad sólo eso no es suficiente. Poco a poco, me sumergí en el bucle de competitividad en el que entramos o, más bien, al que nos empuja este sistema educativo en el que sólo somos un número. Así, comenzó la tormenta: ansie- dad, desmotivación, ganas de dejarlo todo. Ese fue el resultado del segundo año de carrera en el que, además, llegó mi mayor desilusión con unas prácticas en las que descubrí que tampo- co servía para trabajar cuidando animales en un centro. Por alguna razón, no conseguía en- contrar mi sitio. Así, a pesar de que el último año fue el me- jor de todos, al acabar la carrera pasé un año dudando, planteándome cambiar de rumbo y trayectoria, probar suerte en otras cosas… hasta que se me ocurrió la brillante idea de acudir a mi viejo maestro. En realidad, nunca he abandonado el museo. A lo largo de la ca- rrera realicé visitas con algunas asignaturas, acudí regularmente a los seminarios e incluso intenté meter la cabeza en algún grupo de in- “En la universidad descubrí que los profesores no sólo dan clase, sino que también investigan. Algunos transmitían tanta pasión por su trabajo que para mí eran como superhéroes con bata en lugar de capa” El Real Gabinete de Historia Natural, una puerta hacia el pasado rodeada por una inmensa galería repleta de animales. / Jairo O.

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