NaturalMente 23

59 n atural mente 23 ç sumario Suscríbete Consulta aquí todos los números de NaturalMente la comunidad Awá, fijamos nuestro viaje prelimi- nar a La Planada para el mes de abril del año en curso, buscando que las condiciones climáticas fueran, al menos en principio, similares a las del estudio 33 años atrás. Habríamos querido llegar a Pasto (capital del Departamento de Nariño) por tierra, pero tuvimos que hacerlo en avión, porque había revueltas indígenas en el departa- mento del Cauca que habían mantenido la carre- tera panamericana cortada durante semanas; de hecho, comenzaban a escasear los suministros, y algunos bienes básicos como el combustible se estaban empezando a traer desde el vecino Ecuador. El primer paso fue presentar nuestro proyec- to en la Universidad de Nariño mediante sendas conferencias (ciertamente multitudinarias) y re- visar su colección de anfibios, donde hay ejempla- res de La Planada colectados intermitentemente a lo largo de las casi cuatro décadas de acciden- tada historia transcurridas desde la fundación de la reserva.Al día siguiente de nuestra jornada de trabajo en la universidad, el director de la re- serva, Byron Guanga —un campesino awá ele- gido por la comunidad para tal cometido— nos recogió amablemente para transportarnos a la misma, en un viaje de varias horas en coche. Así estaríamos ya todo el tiempo, custodiados y pro- tegidos por los Awá. Los llamados “resguardos indígenas” son terreno vetado a quien no cuente con el beneplácito de sus gentes. Es comprensible la emoción de una persona que vuelve a un lugar que forma ya parte de su mitología, donde dio sus primeros pasos en la ciencia; y, en este caso, era especialmente grande por el carácter pionero de aquel trabajo. Descu- brir que el bosque no solo estaba intacto, sino que la selva incluso había reconquistado las an- tiguas extensiones de potreros aledaños a las instalaciones, y que éstas habían mejorado, fue la mejor invitación a sumergirse cuanto antes en el trabajo de campo y ver qué nos deparaba. El viejo y casi intransitable sendero a Pialapí es aho- “Tanto la diversidad como la abundancia de anfibios de La Planada era muy alta. En 1986, en un transecto de 50 metros, una persona sola podía encontrar un promedio de 24 ranas por noche, entre unas especies y otras” “En 2019, en la noche que más éxito tuvimos, cuatro personas en dos kilómetros tan solo vimos nueve ranas de cuatro especies, patrón que se mantuvo durante nuestra breve estancia y que parece ser la tónica actual, según los pobladores locales” Buscando ranas en las bromelias de la Re- serva Natural La Planada. / P. Burrowes.

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